Arturo Guerrero




El desencanto del artista precede siempre a una época de cambios.

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Intentar siempre aquello que no sepa hacer. Poder no dominar el cuadro.
El virtuosismo es una tapadera.

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Noches de ensueño pensando en el cuadro de mañana. Y cada mañana abrir la puerta del estudio y ver el trabajo de ayer. Desilusión.
Morir cada mañana para volver a empezar.

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Es difícil exponer la obra. El ciclo de trabajo en el estudio no coincide con el de las exposiciones.

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No vale de nada hacer vanguardia a los veinte; lo vital es hacerlo al final. Entonces es legítimo callar.
No sé.

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Me gusta la luz del mar en invierno.
Dejarse poseer.
¿Qué pasaría si se pudiera elegir el momento de morir?

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A menudo las cosas que me sostienen en la vida son las menos apreciadas, las más ignoradas.

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Cada cuadro tiene el tiempo preciso. La impaciencia en el trabajo va en contra de mí.
Tengo que saber reposar.

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Mar.
A cada momento me creas un paisaje diferente, y no hay paisaje sin mirada.
Y no hay cuadro sin mirada.
Me da miedo lo que escondes, ¿cómo será morir entre tus brazos?
Tengo que llegar más lejos, no limitarme a impresiones inmediatas.

Paz divina.
Placer armónico de medida incomprensible.
Teoría del placer.

Pienso en aquello que sea bello pero inferior a todo.
Pero no quiero saber qué es la belleza.
Una imagen fugitiva, una bella morada.

Los esfuerzos del mundo me conciernen; y en sentido figurado es algo sobrenatural.

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¿Qué es necesario?
La maldita ternura,
la magia,
el mar,
tú.
No, nada es necesario.
Muerto de hambre,
fragmentado,
me desvanezco.
¿Me quedará el espíritu?
La razón ya la perdí.

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Creo en la emoción.
Creo en la belleza, en la diosa de la belleza.
En la diosa que está triste.
Creo en el cemento que se desparrama como un paisaje sin futuro.
Creo en la Pintura en sí misma.
Creo en los pintores que somos.
Creo en Pessoa.
Creo en el dolor.
En aquello que es triste.
En la cocina.
En el misterio, ¿podré crearlo?
Creo en lo inaprensible.
En lo sencillo.

Tengo que creer en mí mismo.
Creo que sí.


*


No saber qué pintar en este mundo.
Pues tengo que saber.
Un tinto bebo por tí, bendita pintura inagotable, desde dentro de la urdimbre de tu lino.

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Depresión cada mañana temprano.
Palidezco de angustia por un azul cobalto,
simplemente por su precio.

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Tantas porquerías reverenciadas, instauradas, catalogadas.
Simples pinturas desperdiciadas.
Es un fracaso continuo.

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Dios mío, pero hasta dónde hay que trabajar con toda el alma, la pasión, la razón y la sinrazón, para llegar a no saber donde.

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Es tan sencillo...
Tengo que luchar por la emoción.
¿Qué cosa es ser pintor hoy en día?

*

El rojo pompeyano me seduce.

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Intentar siempre sentir los placeres en toda su pureza.
Autenticidad. Una de las claves.
Tengo que ser un pintor auténtico.

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Me gustan las cosas frágiles. Y las apariencias que las encubren, envolviéndolas con misterio.

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Hago cuadros para que pertenezcan a la Pintura. Para que continúe la relación entre el Hombre y la Pintura. El hombre y la belleza. El hombre y la emoción.

Pinto cuadros para que vivan con ellos, los cuelguen en sus paredes, los deseen, los miren, los ignoren.

Placeres primitivos. Placeres intelectuales.

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No abandonar nunca la emoción.

No hace falta comprender para poder estremecerse ante un cuadro.

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Me siento como en un callejón sin salida. A veces llego tan lejos en una cierta manera de pintar que me vuelvo tozudo. Pierdo el sentido, la perspectiva. En estos casos debería volver atrás, y volver a pensar.

Qué desilusión. Qué desgana para todo.

Sin motivación no hay nada.

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Cuando alguien me compra un cuadro en el estudio se está llevando tambien mi pasión por el cuadro, algo que nunca obtendrá en otra parte. Mis sentimientos hacia esa pintura. Así lo prefiero.

Me gustaría desesperadamente conocer al comprador anónimo.

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Tengo la cabeza vacía. No sé qué pintar, y si seguir haciéndolo como lo hago.
Tengo que encontrar un tema.
El Tema es el problema.

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Motivación.

Intención.

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Me doy cuenta de que mi obra del 95 tenía más fuerza que la de ahora. Y es porque era más libre. No pensaba en nada. Aquel viaje al sur lo estropeó todo.
Tengo que recuperar mi frescura.

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Saber interpretar todas las formas de mirar.

Evadirme del mundo.
Aislarme para poder hacer una obra única.
La actitud opuesta hace que la obra quede obsoleta al cabo de un tiempo.

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Caminar siempre hacia el misterio.
A menudo soy muy obvio.

Dejarme llevar por la sinrazón, abandonarme a la intuición.

No abrir todas las puertas. Indefinición.

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A veces noto que mi energía decrece, física y mental.
O no, ¿es solo desánimo?

Demasiadas ansias.

*

Siempre solo en el estudio.
Concibo la obra de arte como un producto de la soledad.

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Huir de la facilidad.

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A veces veo mi futuro como un precipicio.
Que alguien me dé una razón para seguir pintando.

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Todo lo que no me gusta hacer lo hago. Pintar mucho. Pintar en serie, la repetición.
¿Me gusta el pintor que soy?

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Cada día que pasa me siento más incapaz de decidir si es bueno o malo lo que pinto, y además, ¿a quién le importa?
Pero lo que es peor, soy incapaz de entresacar, de elegir. Me siento abrumado entre mi propia cantidad.
Elegir entonces calidad frente a cantidad.

*

Ahora me entran dudas despues de tantos años sobre lo delicado.
¿No será que es simplemente flojo, sin fuerza?
Siempre busqué un equilibrio entre lo delicado y lo poderoso y fuerte.
Estoy seguro que pueden convivir en mi pintura.

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Dos meses perdido,
tratando de hacer exactamente algo en concreto sobre China.
Creo que lo dejo.

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Nunca pinté así.
Antes lo hacía sin objetivos, dejándome llevar.
De pronto aparecía una serie que tenía dentro de mí.
Entonces las ideas aparecen solas.
Quiero decir que no tengo que empeñarme en algo sin más.
Pintar y pintar, y ya aparecerá algo sobre China o lo que sea.
Alguna impresión, algún shock que tenga dentro de mí.

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El tema es una excusa.
Lo que tengo que pintar es aquello que encuentre en mi alma,
porque es lo que me distingue y me hace único.
Algo mío propio.

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Cada vez me siento más fuera de este mundo. Un outsider.
A lo mejor es que necesito simplemente vitaminas. Dudas.

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Algo que no sea obvio no tiene porqué ser confuso.
Me lo digo a mi mismo porque no me doy cuenta de lo importante que es esto.

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Pintar de recuerdos.
Así el cuadro resultará más genuino, poderoso.

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Buscar en los cuadros esa sensación que tuve en China de entrar. No no, de pasar.
Puertas que llevan a otras,  preámbulo del misterio.

*

Escribo en este cuaderno solo cuando tengo problemas con mi pintura.
Leyéndo estas frases  puede parecer que mi vida en el estudio es deprimente,
pero no es así, sobre todo tengo buenos momentos.
Escribo esporádicamente.

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Estoy a punto de desvanecerme en mi propia incapacidad.

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Estoy desarraigado. Inutil explicarlo a quienes no lo están. ¿Como afectará a mi pintura? Pura tristeza.

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Mi sueño es poder pintar todo lo que imagino, todo. Mi única aspiración.

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