Arturo Guerrero




Acerca de Cornelius Ossman

 

 Cornelius Ossman fue un pintor holandés de carrera discreta y más bien desconocida, cuya obra pasó desapercibida para sus contemporáneos en gran parte por su secretismo.

 

 Natural de Breda, trabajó a temprana edad en el taller de Hans Memling, en Brujas. A la muerte de este en 1495, Ossman marchó a Venecia  en donde se estableció y llevó una vida modesta trabajando de cocinero.

 

 La luz de la laguna veneciana le influyó de tal manera que, empezó de nuevo a pintar con toda su energía en los ratos libres que la cocina le dejaba. En la pequeña habitación donde vivía y libre de ideas preconcebidas, se sorprendió a si mismo pintando sobre papel unas composiciones como nunca antes había intentado, tanto en sus combinaciones cromáticas como por la absoluta ausencia de figuración. Sin comprender del todo aquello que salía de su alma a través de los pinceles, decidió dejarse llevar por la inspiración si bien mantuvo su obra en secreto.

 

 Los conflictos bélicos que tenían lugar en la región no tenían fin, y fue la guerra entre el imperio otomano y la república de Venecia la que le desanimó definitivamente. Ossman, pacifista convencido, decidió entonces embarcarse con destino a Asia, de donde nunca regresó. Dejaba atrás su amada Venecia, ciudad donde por primera vez empezó a sentirse pintor. En el equipaje no faltaban sus cuadros.

 

 Pocos datos hay de la vida de Ossman a partir de entonces, pero por sus notas* sabemos que fue feliz. Una vez asentado en Shanghai, le embargó el entusiasmo por la nueva estética que le rodeaba. Como si hubiera llegado a otro planeta, se sintió embriagado por la belleza del nuevo mundo. De pronto se dio cuenta de que había encontrado su lugar y empezó de nuevo a pintar apasionadamente. En pocos años desarrolló un increíble concepto de pintura desconocido hasta entonces, pero presa de su carácter cohibido siguió manteniendo aquella exquisita obra en secreto.

 

 Su entusiasmo por la caligrafía -según parece, dos obras suyas, con pseudónimo, forman parte de la actual colección del Museo de Shanghai- le llevó a conocer al famoso pintor y maestro de calígrafía Wen Zheng- Ming con el cual colaboró durante el diseño de un jardín en Suzhou, Humble Administrator Garden, considerado uno de los grandes jardines de China. Así fue como se inició en el arte de la jardinería, pasión que le llevó hasta Kyoto en donde vivió sus últimos años fascinado por la belleza de la ciudad. Allí siguió pintando sus papeles, cada vez más radicales y sintéticos. Poco más se sabe de la vida de Ossman en Japón, sí de su prematura muerte rondando los 40.

 

 

* Paseando por Tetsugaku-no-michi, (el Paseo de los Filósofos)  en Kyoto durante el otoño de 2013, cayó la noche sin apenas darnos cuenta, ensimismados como estábamos por el misterio y la belleza del lugar. Un cuadrado de luz en la oscuridad nos guió hasta un edificio donde nos recibió una anciana. Sabía, me dijo, que un día llegaría hasta ella. Nos acomodó en la oscuridad de la cocina y nos ofreció un cuenco de té. En un momento dado salió de la habitación y volvió con una caja de madera que me ofreció con humildad, aunque también con determinación. No me dejó abrirla, e insistió que me la llevara, haciéndome prometer que le daría la importancia que según ella demandaba el contenido.

 

 No me preguntes por qué sucedió aquello, todavía no me lo puedo explicar, ni siquiera de una manera irracional. Aquella noche abrimos la caja y fué como abrir un tesoro. Delante nuestro estaba la obra artística de un tal Cornelius Ossman, según pudimos comprobar en un cuaderno de notas autobiográficas que la acompañaba. Fue algo maravilloso. Aquella noche soñé con los más bellos pigmentos del mundo, con las más sutiles transparencias que pudiera imaginar, con las formas puras de una belleza sin igual.

 

 Como bien supones, a la mañana siguiente volvimos al Paseo de los Filósofos, pero como si de un cuento se tratara, no encontramos, por más que buscamos, la casa de la noche anterior.

 

 Tengo la caja en mi estudio. Con la mayor delicadeza posible he fotografiado los cuadros y aquí están para conocimiento del mundo,  "Los Papeles de Cornelius Ossman ".

 

 

 

                                                                                                          *

 

About Cornelius Ossman

 

 Cornelius Ossman was a Dutch painter who led a discrete and rather unknown career, and whose work went unnoticed throughout his life in large part due to his secretism.


 Born in Breda, he began to work at an early age in Hams Memling’s workshop in Bruges. After Memling’s death in 1495, Ossman went to Venice where he established himself and his modest life working as a cook.

 

 The Venetian waters influenced Ossman in such a way that he found himself painting with all his energy once again whenever he could find the time. Within his small room, Ossman began to paint on paper, free from preconceived ideas. He began to create compositions as he had never attempted before, surprising himself not only in their chromatic combinations but also in their absolute absence of figuration. Without fully understanding these sudden emergences from within his soul through these paintbrushes, Ossman decided to follow this surge of inspiration as long as he kept the works a secret.

 

 The violence taking place within Ossman region had no end, and the Ottoman-Venetian war discouraged his pacifist self once and for all. He decided to embark on a trip to Asia, from which he never returned. He left behind his treasured Venice, the city where he first began to consider himself a painter. In his bags, he carried all his paintings.

 

 There is little information about Ossman life after this time, but his notes* tell us that he was happy. Once situated in Shanghai, Ossman was taken over by the new esthetic that surrounded him. As if he had arrived on another planet, he felt himself intoxicated by the beauty of this new world. And all at once, he realized he had found his place and began once again to paint fervently. In only a few years, Ossman developed an incredibly unique concept of painting that did not exist in that time, but because of his inhibited nature, he continued to keep his exquisite works a secret.

 

 His enthusiasm for calligraphy (as it seems, two paintings of his (under a pseudonym) form a part of the collection at the Shanghai Museum) led him to meet the famous painted and master of calligraphy Wen Zheng-Ming, with whom he collaborated during the design of a garden in Suzhou, Humble Administrator Garden, which is considered to be one of the great gardens of China. This is how Ossman began in the world of gardening; a passion which led him to Kyoto, where he lived his last years in fascination, admiring the beauty of the city. There he continued to paint, each time more radical and concise. Not much is known about his life in Japan, other than his premature death around the age of 40.

 

 

* We almost did not notice the night surrounding us as we strolled through Tetsugaku-no-michi (The Philosopher’s Path) in Kyoto during the fall of 2013, absorbed as we were in its beauty and mystery. A square of light in the darkness led us to a building where we were greeting by an old woman. She knew, she told me, one day I would reach her. She offered us a seat in the darkness of her kitchen where she offered us a cup of tea. At one point, she left the kitchen and came back with a wooden box in her hands. She offered it to me with humility and determination. She did not let me open it there, insisting that I take it with me and to promise that I would handle it with the importance that according to her, the contents demanded.

 

 Do not ask me why this happened. I still cannot explain it to myself, not even in an irrational way. That same night after we had left, we opened the box. It was as if we found a treasure box. In front of us lay the work of an artist named Cornelius Ossman, which we deduced from a notebook full of notes that accompanied the paintings. It was wondrous. That night, I dreamt of the most beautiful pigments in all the world, with the most subtle transparencies you could imagine, and the most pure forms of an unsurpassed beauty.

 

 As you can imagine, the next morning we returned to the Philosopher’s Path. We looked and looked, but as if out of a story book, we could not find the house we had been led to the night before.

 

 I have the box at my studio now. With the utmost care, I have photographed the paintings and put them up here on my website for the world to see, "The Papers of Cornelius Ossman".

 

 

 

* translated into english by Lola Guerrero